martes, 24 de junio de 2008

Obama, ¿todavía crees tú en el cambio?



"
Barack Hussein Obama es su nombre. Su segundo nombre es el apellido del antiguo tirano de Irak, y su apellido rima con Osama. Eso no es sencillo de superar en América".
John Stewart, cómico y presentador de The Daily Show

Hace apenas un par de semanas, después de unas primarias interminables y una lucha incruenta a través de los medios de comunicación, Hillary Clinton por fin reconoció su derrota en la carrera por la presidencia del Imperio intergaláctico. Con su retirada y anuncio de apoyo a su rival demócrata –habrá que ver hasta qué punto se implicará en esta ayuda-, quedaba definido el duelo por el puesto más poderoso del planeta entre John McCain, senador de Arizona, y Barack Obama, senador por Illinois, el político capaz de arrastrar muchedumbres de 75.000 personas cual estrella legendaria de rock. La gran pregunta ahora es: ¿Será Barack el primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos? Y si lo consigue, ¿quedará algo de su apuesta renovadora y mensaje de cambio real? ¿Nos seguimos tragando su eslogan de Chance - We can believe in? El pesimismo inunda a esta cabeza bobolonga a la hora de contestar este interrogante.

Que vaya a ganar o no, le corresponde elucubrar al reino de los sesudos analistas, politólogos y think tanks que brotan como setas en el país que adora definirse con un sinécdoque continental: América. Se podría decir que, si no lo consigue en esta ocasión, con todas las circunstancias a favor, tendrá que pasar otro siglo para que un negro vuelva a tener opciones. Pero también los aficionados del Atleti han dicho muchas veces aquello de, "si no ganamos al Madrid este año, tal y como está... ¡no les ganaremos nunca!". Y zas, al minuto dos, Ronaldo o Raúl jodían la ilusión del pueblo rojiblanco, con la inestimable colaboracion de Pablo, Perea o el que pasaba por allí en ese instante... Pues lo mismo le pasa a Obama ahora, de cara al partido de noviembre con el septuagenario McCain, con un carisma a años luz y con la sombra gigantesca del desastre del doble mandato de Bush. O sea, si los demócratas no arrasan a los republicanos este año...


El caso es que los demócratas lo tienen a huevo. El índice de aprobación de George W. miento y miento y no pasa nada Bush es el más bajo desde que la empresa Gallup estrenase este medidor allá por la época de Harry Truman, un curioso personaje que tiró dos bombas atómicas y al que se considera de los presidentes más prestigiosos (¿¡ein?!). Sólo Jimmy Carter en plena crisis del petróleo tuvo una popularidad más por los suelos. Apenas un 30% de irreductibles estadounidenses dan por bueno los ochos años de WarBush, periodo que incluye dos guerras con más de medio millón de civiles muertos por el camino, su inestimable ayuda militar para colocar el petróleo a 130 dólares el barril, el colapso del mercado inmobiliario, el socavón con la crisis de las hipotecas basura, la inapelable recesión, la conculcación del derecho internacional vía invasión ilegal de Iraq y cárceles secretas y la violación de los derechos humanos básicos legalizando los métodos de tortura en Guantánamo (Amnistía Internacional lo explica muy bien). La lista es larga y tenebrosa, pero afortunadamente al cowboy de Austin le quedan dos telediarios para poder ir a dar charlas a Georgetown junto a su amigo Ansar (la web losgenoveses recopila lo mejor del hombre del bigote).

Además, junto a la mediocridad y salvajismo intelectual del hombre que se atragantaba con las galletas, se prevé una debacle republicana en las dos cámaras del Congreso, donde los demócratas pueden ampliar y mucho las distancias. Según la empresa demoscópica Rasmussen, hasta diez senadores republicanos que defienden su escaño están o por detrás o en empate técnico con sus rivales demócratas, y en la Cámara de Representantes el palo se avecina mucho mayor, con proyecciones de +30 o +40 a favor del partido de Roosevelt y Kennedy. Para muestra, el botonazo de las recientes elecciones en tres distritos históricamente híper republicanos, enclavados en el sur más profundo y reaccionario. En los tres comicios, los candidatos demócratas han arrasado a sus contrincantes conservadores.

Barack no tenía nada que hacer frente a la todopoderosa maquinaria de los Clinton, pero hete aquí que la aparente sinceridad de su mensaje y los llamamientos a construir una nueva política alejada de los grupos de interés de Washington y los poderes fácticos militares, fue enganchando a miles y miles de ciudadanos por todo el país. Con una retórica excelente, una pose muy presidencial y un discurso alejado de los cuchillazos de su oponente Hillary, Obama ha ido llenando estadios y dando forma a la llamada Obamania, traducida en ocasiones en una histeria estilo Beatle que no se recordaba en la política desde los tiempos de Aznar con su camisa rosa y jersey al hombro en la plaza de toros de Valencia. ¡Olé, Ché Mari!

Pero trazadas las previsiones, lo que realmente interesa a este post que quisiera ponerse una pegatina de "Change - We can believe in’ es el tortuoso camino que ha emprendido, y que seguramente seguirá recorriendo Obama. El político unificador que ha construido su popularidad hablando de salvar las etiquetas, de tender puentes y olvidarse de las diferencias de raza, religión, clase y género. El hombre que quiere que sus compatriotas vean el 11-S no como un medio para asustar a la gente, sino como una oportunidad para construir alrededor de EEUU en el mundo, y que fustiga las viejas formas de hacer política, corre peligro de perder el equilibrio. Es cierto que defiende acabar con las rebajas de impuestos a los más ricos que hizo ley Bush para devolver favores prestados a quienes le mueven los hilos, y también es verdad que, de momento, se ha opuesto a la brillante idea republicana de perforar a lo largo de las costas de Estados Unidos para buscar más petróleo y, de paso, joder un poquito más el planeta.

Además, está teniendo que hacer frente a una campaña de navajazos xenófobos en forma de rumores en la red, desde que juró la Constitución en el Senado con un Corán en la mano hasta que estuvo dos años en una madraza mandando cartas de amor a Bin Laden. Con inteligencia y gracias a su legión de seguidores, Obama ha optado por desmentir uno a uno esos ataques y combatirlos fieramente en fightthesmears.com. Sin embargo, hay señales inquietantes en el rumbo del ilusionante político. Barack ya ha renunciado por el camino a su pastor de toda la vida, a su iglesia de toda la vida, a amigos de toda la vida y a convicciones de toda la vida. Este abogado que ganó su fama en Chicago apostando a fondo por defender los derechos de las comunidades pobres y las minorías, y uno de los pocos que se opuso a la invasión de Iraq desde el principio -aunque estuvo ausente de la votación en el Senado en 2002-, ya no parece ni tan fresco, ni tan idealista ni tan deseoso de dar un vuelco al sistema politico estadounidense.

Al darse de baja de la iglesia en la que se casó y bautizó a sus tres hijos, la Chicago Trinity Church, conocida por sus iniciativas sociales, Obama ha querido distanciarse de ciertos sermones muy por encima del nivel de izquierda que se permite en la nación de lo políticamente correcto. Además, ha renegado ya varias veces en público de Jeremy Wright, su pastor de toda la vida, que en sus homilías atizaba y duro la política exerior del país –"América se ha buscado el 11-S" y ponía el dedo en la herida del racismo social. Un religioso con inudables señales de egolatría patológica y fanático de Su verdad y nada más que Su verdad, pero al que no se le puede negar su tremendo trabajo en las comunidades pobres de Chicago. Por otra parte, si ahora es tan malo, cómo es posible que Obama no se diese cuenta antes, durante sus 30 años de relación.


Al principio Barack hablaba de una Amética en la cupiesen todos, de integrar desde los blancos fascistoides de Alabama nostáligos del régimen confederado a las minorías negras defensoras de la violencia de las panteras negras o del racismo a la invesa de la Nación del Islam y su vitriólico líder Louis Farrakhan. Pero parece ser que su América ya no es tan ancha, y lo mainstream ha acabado imponiéndose. Así, tambien ha corrido raudo a desmentir cualquier vínculo con Bill Ayers, un ex guerrillero urbano que puso bombas a finales de los setenta y que desde hace años trabaja en las comunidades pobres de Chicago. "Aaaah, yo creía que ese tipo no era así..., me ha decepcionado y ya no es amigo...", ha repetido Obama, sin tener en cuenta que Ayers, que ha reconocido que su radicalismo fue producto de un momento específico en la historia, en la América rancia de Nixon y Vietnan, tiene derecho a la reinserción, y hasta hace unos meses era un tipo válido para reunirse con él.

Más preocupante es su actitud ante la continua -y maliciosa- pregunta acerca de si es musulmán. En vez de decir: Y si lo fuese, ¿pasa algo, eh? No, Obama recita de memoria que es un hombre de fe cristiana, rechaza con vehemencia esa vinculación al islam y subraya que, aunque su papá era keniata, su mamá blanca le inculcó el cristianismo. La comunidad de estadounidenses de origen árabe le pide un paso al frente en este sentido, pero el político de Chicago da un salto hacia atrás, como ha demostrado la reciente limpieza étnica de dos mujeres musulmanas en un mitin de Obama, obigadas a abandonar sus asientos cerca del candidato para irse al fondo a mano derecha, porque la cohorte de asesores de Barack tenía miedo de que saliesen en la tele cerca del elegido...

Hay otro pequeño detalle, a simple vista sin importancia, pero para este ágora de una dimensión inquietante. Obama, al que el 10% de la población gringa sigue considerando musulmán (¡¡que miedooooll!), se pasó prácticamente toda la campaña con su traje políticamente correcto pero, ay alma de Dios, sin el pin con la bandera de Estados Unidos. Este hombre osó dar mítines y recorrer la América profunda sin las barras y estrellas en su solapa, e incluso acudir sin ella a un plató de Fox News, santuario mediático de la ultraderecha. Pero la presión para que se enfundase en la bandera ha sido demasiado poderosa. ¿Por qué no lleva el pin?, ¿es que no le gusta Estados Unidos?, ¿no será acaso un terrorista camuflado?, ¿es eso un patriota?, ¿se puede votar a un presidente con apellido musulmán? La retahíla de bocados de la jauría conservadora le ha hecho fijar ya la banderita a su chaqueta en cada comparecencia pública.


Por último, en cuanto a sus políticas de cambio, van camino de aguarse hasta saber peor que un Ron no venezolano. A saber: su cobertura sanitaria universal ya no lo es tanto, y aboga por una privatización parcial del sistema, por lo que los 40 millones de estadounidenses sin cobertura sanitaria parece que tendrán que esperar otros cuatro años y el advenimiento de un milagro. También, la política exterior defendida por el Barack del comienzo de las primarias era un rotundo volantazo al rumbo imperialista neocon y su Proyecto para el Nuevo Siglo Americano: retirada acelerada de las tropas de Iraq, diálogo con Irán, alejamiento de la identificación absoluta con Israel e incluso replanteamiento del embargo a Cuba, dejando claro que estaba dispuesto a sentarse con Raúl Castro. Todos estos buenos propósitos se van difuminando, y ahora parece más cerca de conjugar el estribillo del Eje del Mal y replantearse su apuesta por la retirada de Iraq, o al menos aplazarla durante un tiempo.

En un discurso ante la comunidad judía de Estados Unidos en el AIPAC, el lobby pro-israelita más poderoso de Washington, pronunciado el 4 de junio, soltó perlas como que "Jerusalem permanecerá como la capital de Israel y debe mantenerse como una ciudad no dividida". Al mismo tiempo, rechazó "el derecho de retorno" de los exiliados palestinos, casi cuatro millones, porque "la identidad de Israel como un estado judío debe de ser preservada". Con su rotundo apoyo a la unidad de Jerusalem, Obama se cargaba de un plumazo, al menos dialécticamente, la política exterior estadounidense, que, incluso en los tiempos más oscuros de los neocon, siempre ha apostado por la co-capitalidad de la Ciudad Santa, una vez se de carta de naturaleza al estado palestino.

Uno aún no pierde la esperanza de que, aunque blanqueado, Obama alcance la poltrona presidencial e insufle al menos un aire multilateral a la politica exterior. Que la haga menos belicista –cosa bastante fácil por otro lado- y, paralelamente, no abandone ciertas reformas sociales domésticas que mitiguen los daños colaterales del libre mercado fundamentalista que opera en Estados Unidos. Cualquier ser después de Bush a todos nos sabe mejor. Pero la sensación de que ha ido entregando principios en su batalla con Clinton, y los seguirá enterrando en su carrera con McCain, cada vez es más evidente. Yo también compartía con la chica Obama eso de I got a crush on Obama (Tengo un flechazo con Obama), pero ahora entono con punteo de Jimmy Page, I’ve been dazed and confused for so long ist not true...

miércoles, 14 de mayo de 2008

La sed creciente de Coca Cola



Ummm… aahhhh… Glupss.. Cada día, más de mil millones de latas o botellas de Coca Cola se consumen en un mundo eternamente sediento del adictivo burbujeo con cafeína. Compañía maga de las relaciones públicas, estrella de las campañas publicitarias más cool, símbolo de la democracia universal, estandarte del sueño americano y dueña de la fórmula más secreta y más codiciada… el gigante Coca Cola goza de una reputación intachable.

Desde su fundación en 1886, su tamaño ha ido creciendo imparable hasta convertirse en la marca más reconocida y una de las más admiradas del planeta, ejemplo de estrategia empresarial en las mejores escuelas de negocios. Un impacto 9,9 en la escala Adam Smith que no se limita a la economía. Papá Noel era verde, de la Laponia finlandesa, hasta que llegó la máquina de hacer dinero de Atlanta y lo vistió de rojo. Desde entonces, la mitad de la tierra está convencida de que el barbudo Santa Claus nació a la ribera del Mississippi, habla con acento de Georgia y pasa las noches frías inyectándose la chispa de la vida en vena.


Sin embargo, detrás del cosquilleo en el estómago, la botella estilizada y el limoncito dentro del vaso en una mesa de una terraza, la macroempresa de Atlanta parece que tiene varios retratos de Dorian Gray, guardados con doble candado en la nevera de sus oficinas. Según la ONU, más de 1.100 millones de personas, el equivalente al 18% de la población mundial, encuentra dificultades para abastecerse de agua, a lo que contribuye con su granito de arena la súper Cola. La política de la empresa abraza el colonialismo y se hace con los recursos acuíferos de ciertos países pobres –unos tres litros de agua se necesitan para producir un litro de Coca Cola-, en detrimento del desarrollo sostenible y, puesto de forma menos poético, jodiendo vivo al agricultor. Además, se acusa a la compañía que nos muestra todo de color Disney de reiteradas prácticas antisindicales, con denuncias en Pakistán, Nicaragua o Colombia, ahí incluso con los paramilitares de por medio.

Coca-Cola asegura que cumple con las “normas éticas más exigentes” y “que es una empresa ciudadana de primera clase en todos y cada uno de los países donde trabaja”. Pero siguiendo el dogma del apostol Michael Moore, hay que desconfiar de la buena fe de las multinacionales. Os Bobolongos ha recibido un informe del brillante agente Queco, procedente de la ONG británica War on Want; algo así como Guerra a querer, guerra a lo que se quiere, al compulsivo deseo de poseer/comprar/esquilmar. Dicha organización centra sus campañas en combatir la pobreza, reivindicar el comercio justo o las acciones puntuales contra iniciativas filofascistas, como el muro de separación que construye y amplía sin desmayo Israel para aislarse de los palestinos.

Hay que coger toda ONG con la distancia oportuna, siendo consciente de que demasiadas parecen llevar el fuego sagrado de la justicia verdadera y muchas de ellas son tapaderas para hacer dinero o beneficiarse del sistema al que supuestamente critican. En este sentido, War on Want parece bastante confiable, con el apoyo de gente legal como Naomi 'No Logo' Klein. La misión de la asocación británica consiste en “ofrecer apoyo a la gente en países en desarrollo en su lucha contra las causas de la pobreza, así como informar e inspirar a aquellos en países ricos para que desafíen las estructuras globales que contribuyen a mantener la pobreza en todo el mundo”. Vamos, vigilar la responsabilidad corporativa de las grandes multinacionales, confrontar su marketing de buenos samaritanos con las prácticas empresariales reales.

Aquí os dejamos un link al 'Informe Alternativo' de Coca Cola, uno de los tres de la serie que han publicado hasta el momento, y de los que seguramente informaremos más adelante.


Lee y disfruta el informe sobre Coca Cola que preparó War on Want

sábado, 19 de abril de 2008

El pueblo de Múnich entierra el tren faraónico



El 14 de abril, mientras en España unos pocos héroes celebraban el aniversario de la instauración de la Segunda Repúbica, en la ciudad de Múnich se ensayaba la vía de la democracia directa con un referéndum local. La pregunta al muniqués era muy simple: ¿está usted de acuerdo con que la alcaldía de Múnich persiga todas las medidas legales contra el proyecto de Transrapid (tren de altísima velocidad) al aeropuerto? Aunque la participación fue bastante pobre -en buena medida porque el citado Transrapid hace meses que está más que enterrado-, el referéndum sirvió como broche final a un movimiento ciudadano imparable, que se organizó hace más de un año para detener el faraónico proyecto del tren magnético. Un ejemplo de democracia en acción y del pueblo parándole los pies a los políticos, sorprendente en estos tiempos de anestesia global de la conciencia política.


Para entender la rebeldía del tranquilo y burgués habitante de Múnich hay que ir al origen del proyecto. El Gobierno de Baviera, en manos desde hace cinco décadas de la CSU, el partido democristiano que, en colación con la CDU -socialcristianos- gobierna ahora Alemania. Liderados por el presidente regional, Edmund Stoiber, que perdió por los pelos las elecciones generales de 2002 ante Gerhard Schröder, los democristianos querían un tren que uniese la estación central de Múnich (Hauptbahnhof) y el aeropuerto. Esta maravilla de la ingeniería -la empresa Transrapid la formaron Siemens y ThyssenKrupp- volaría por las vías a través de la levitación magnética, y los 37 kilometros de distancia los recorrería en sólo 10 minutos, a una velocidad máxima de 350 km/h. Un tren vanguardista del que sólo existe otro en el mundo, el que une Shanghai (ver foto) con su aeropuerto en una ruta de 30 km, también con el sello made in Germany.


Los primeros trenes fueron planificados para estar operativos en 2009 con una frecuencia de salida de 10 minutos, pero la locomotora que iba a ser símbolo de la puntera tecnología alemana ha sido detenida. De nada han valido los aullidos de la derecha clamando por cómo era posible que los chinos lo tuviesen y Alemania, fabricante del ingenio, no. Ha pesado más el costo estimado del Transrapid, unos 1,85 millones de euros, que gran parte de la opinión pública veía como un despilfarro de dinero sin sentido (cuánta enseñanza podría sacar de este episodio Alberto Ruiz Faraón, el conquistador de la M-30 y próximo Atila del Paseo del Prado).


El partido Socialdemócrata (SPD), La Izquierda (Die Linke) y los verdes (Grüne) han apoyado el movimiento en contra del súper tren junto a diversas organizaciones medioambientales, sindicatos del transporte público y grupos vecinales. Las manifestaciones se sucedieron a finales de 2007 y más de 20.000 ciudadanos llegaron a marchar en una de ellas. De hecho, el actual alcalde de Münich, Christian Ude (SPD), fue reelegido el pasado marzo con más del 60% de los votos, una aplastante mayoría en parte debida a su oposición frontal al proyecto.

Un sistema distinto de transporte, el Munich Express, se ha propuesto en los últimos meses. Sería un S-Bahn (cercanías) exprés que iría al aeropuerto desde Hauptbahnhof a través de Ostbahnhof (Estación del Este) en los raíles existentes de la línea S8. El proyecto costaría alrededor de un tercio de lo que el Transrapid, y los 20 minutos de tiempo de viaje representarían un ahorro de 25 minutos en comparación con los recorridos actuales. Además, los defensores de este tren argumentan que, al integrarse la línea en la red de S-Bahn, serviría de uso a un número mucho mayor de personas. Por último, el precio de los billetes sería mucho más barato y no los 30 euros que iba a costar el ticket del Transrapid.

Así que, a Transrapid muerto, S-Bahn puesto, éste mucho más racional, ecoeficiente y asequible para el ciudadano. Salir a la calle a manifestarse nunca viene mal...

miércoles, 16 de abril de 2008

¡¡Viva la República!!


Os Bobolongos se une a las miles de personas que corearon hace un par de días... ¡Viva la República! El 14 de abril de 1931 España se declaró republicana, apenas cinco años de democracia que luego rompería en pedazos el impresentable Paco el chocolatero (el dictador Franco).
Pasan las décadas y se olvidan los símbolos, pero desde esta humilde bitácora, la esperanza de la caída de los Borbones y la llegada de la Tercera República aún no se ha perdido.
¡¡¡Hasta la victoria siempre!!!!


Ilustración: Ana Juan

sábado, 12 de abril de 2008

Haz el amor y... la guerra


Para combatir al enemigo, nada mejor que cambiar la base militar por el hogar matrimonial. Después de cinco años de invasión de Irak, el cansancio, el temor y el hastío de las tropas empiezan a ser muy altos, y los problemas del aparato militar para reclutar nuevos soldados que mantengan la ocupación y refresquen a los soldados actuales son cada vez más evidentes. Así que, y en vista de las palabras del candidato republicano a la presidencia -y por delante en las encuestas- John McCain, "si hace falta, estaremos otros 100 años en Irak", el departamento de Defensa de Estados Unidos ha decidido dar un paso histórico. De una forma discreta y sin hacer apenas ruido, se está permitiendo a los matrimonios compartir cama en los trailers y tiendas de campaña de las zonas de guerra de Irak (en Afganistán parece que la cosa va más lenta).

Desde que George Washington liderada el primer ejército profesional americano para luchar contra la ocupación inglesa, los hombres y mujeres del US Army habían estado en camas y barracones distintos. Lo que el rifle separa, que no lo unan las sábanas era la consigna. Pero hete aquí que hay que levantar la moral de las tropas, que pasan entre 12 y 15 meses de servicio alejados de los suyos, y para ello nada mejor que el caramelito de la placentera vida matrimonial. Esta promoción de 'Luna de miel en Irak', que por el momento excluye a las parejas de hecho y rollos de una noche, comenzó lentamente a finales de 2006, pero hasta hace unos días que lo ha tratado la prensa estadounidense la noticia había pasado desapercibida.

"Es bueno para los soldados. Y lo que es bueno para los soldados, es bueno para el ejército", ha asegurado el comandante Mark Thornton, de la III Infantería, a Associated Press. Lo cierto es que, según datos del propio ejército gringo, hay más de 10.000 parejas entre sus tropas, aunque
se desconoce el número de los que viven juntos en zona de guerra. Sólo en la Base Striker, en las afueras de Bagdad, 40 matrimonios se acuestan cada noche juntos, se olvidan de los horrores de la guerra con cariñitos y conjuran la violencia que ven a diario con el sexo marital. Eso sí, las muestras de afecto están prohibidas en público y no se pueden estrechar las manos o darse un besito con el uniforme puesto.

John Pike, director del think tank militar Globalsecurity.org., ha explicado a Reuters los motivos de este cambio de actitud del ejército: "Creo que están buscando debajo del sofá cualquier cosa que les ayude a mejorar la permanencia y el reclutamiento en el ejército". Y es que, ¿cómo si no matrimonios como el de la sargento Amanda Christopher, de 25 años, y su marido Matthew Christopher, de 22, podrían funcionar? "El que nos dejen hacer esto es una bendición para nosotros", ha dicho Amanda, que ya ha pasado 4 meses de su primer año de matrimonio en Irak. Amanda trabaja de enfermera en la Zona Verde de Bagdad y su marido en labores de administración, entre ellas las de la morgue. "Sin estar viviendo con ella, no sé si hubiera aguantado las cosas que he visto por aquí", se ha confesado a Associated Press Matthew.

Los privilegiados matrimonios viven en casitas en trailers que pueden llegar a los 120 metros cuadrados, con televisión vía satélite y los utensilios necesarios para el uso y disfrute de la vida occidental, lo que puede llevar a preguntarse a más de una parejita americana veinteañera: ¿Habrá que alistarse para tener una casa digna? El único riesgo en el futuro es el de la procreación: inevitablemente, las barriguitas de las soldados-esposa comenzarán a engordar en algún momento. Pero, mejor pensado, quizá que cientos y, por qué no, miles de niñitos de los soldados crezcan robustos en Irak entre metralletas y olor a fuego de mortero es el objetivo final que buscan los militares estadounidenses, una estrategia al más puro estilo de George C. Scott en la maravilla de Kubrick, Teléfono rojo, volamos hacia Moscú.

Que broten guarderías, escuelas y universidades en los campamentos militares para sobrellevar los 100 años de invasión a los que no hace ascos McCain. Críos que no jueguen a las batallitas con espadas de mentiras, sino que las vivan de verdad, que se empapen de la expansión de la democracia que se lleva a cabo en Irak para que, en el futuro, sean los nuevos defensores de la Pax Americana.


Photos: AP/Maya Alleruzzo

jueves, 20 de marzo de 2008

"Malditas sean las guerras y malditos los canallas que las apoyan"


"La guerra de Irak es justa, noble y necesaria". Palabra de George, te alabamos emperador. Cinco años después del inicio de la invasión de Irak, George W. Bush El conquistador ha pasado revista a la situación. Según nos informa el vaquero de la W, la cosa pinta mejor que la parte terrenal de El jardín de las delicias. Su solemne discurso de autobombo acompaña a los golpes en el pecho de euforia del vicepresidente estadounidense Dick Cheney y el sin par ex presidente español José María Aznar, Che Mari Ansar cuando está entre amigos en el rancho de Austin del jefazo gringo. Por el momento, el único que ha faltado al guateque panegírico de la asquerosa guerra ha sido Tony Blair (Tony Bleeeeeeeeeeer en la dicción aznariana), quizá demasiado ocupado con su labor de doble consejero de las ONG JP Morgan y Zurich, entidades finaciero-celestiales que le han atragantado con decenas de millones de euros. Parece ser que ésa era la verdadera Tercera Vía.

El coro handeliano de 'Aleluya, Aleluya, no pasa nada, la guerra está ganada' invitaría a la carcajada perpétua, si no fuera por la indignación descomunal que uno siente ante tamaña adulteración de la realidad. La frase de intencionada fotocopia de la misa católica -"es justo, noble y necesario" recuerda al nombre con el que Jorgito, Cheney, la CIA y compañía bautizaron la estrategia llamada a responder al atentado del 11-S. La operación "Cruzada infinita" fue anunciada y lanzada entonces a bombo y platillo, sin que a nadie se le ocurriera la ofensa que significaba para todo el mundo musulmán. Si alguien en el sesudo equipo de W. hubiese leído un libro de historia, podría haber caído en la cuenta de las heridas abiertas que dejaron las tres cruzadas cristianas en territorio sagrado durante la Edad Media.

El verbo episcopaliano del telepredicador de Texas ha dejado joyas como éstas: "El aumento de tropas no sólo ha hecho mejorar la situación en Irak; ha abierto la puerta a una gran victoria en la guerra internacional contra el terror"; "Estamos ayudando al pueblo iraquí a establecer una democracia en el corazón de Oriente Medio". Como se ha visto en Palestina, donde todo iba a cambiar a mejor tras la invasión, como profetizaba Blair, la democracia también va camino en Iraq de victoria en victoria hasta la derrota final.

Dick Cheney, el enlace de Halliburton en la Administración Bush, garante de contratos del siglo para su ex compañía en la reconstrucción de Irak, se ha mostrado, fiel a su estilo directo, seco y arrogante, más conciso: "Ha sido una empresa difícil y desafiante, pero no obstante exitosa (...) y bien ha valido el esfuerzo". Guauuu.. "una empresa desafiante". Ha debido ser emocionante aceptar ese desafío... Y sí, sin lugar a dudas, una empresa exitosa. Parafraseando a otro líder de la globalización, Mario Vargas dadme de una puta vez el Nobel Llosa, "el sacrificio del pueblo iraquí ha merecido la pena". Paro un momento para vomitar a lo South Park y vuelvo...

Por último, pero no menos importante, Aznar I de Castilla y V de las Azores, nos ha regalado una vez más su sincera capacidad de autocrítica y fino análisis geopolítico, histórico y pluscuamperfecto. El hombre que habla un dialecto extraño, incomprensible para los alumnos de Georgetown, además de telonero en jersey rosa inenarrable de Mariano tengo cara de perdedor Rajoy, lo tiene claro: "Sin ser idílica, la situación en Irak es muy buena". Ooohh gracias, Dios todopoderoso, Manitú del centro reformista, sostén de la unidad de España, qué grandeza la suya al evitar el adjetivo idílico y dejarlo todo en un simple "muy buena". Eso sí que es humildad, coño, ya podría aprender Nelson Mandela.

En una entrevista a la BBC -no sabemos si con los pies en la mesa y fumando un puro, aunque parece probable por el tono-, Ansar ha asegurado que "hay libertad en Irak", que "la gente puede participar en elecciones, hablar libremente" y, sobre todo, que "el mundo está mejor sin Sadam Husein y sin los talibanes". Bueno, Sadam, a no ser que se haya reencarnado en cucaracha, es verdad que ya no está, pero Che Mari ha olvidado que los Taliban controlan casi la mitad de Afganistán y están más fuertes que nunca. Esa geopolítica, ay, ay, ay... Por supuesto, en Irak "se tomó la decisión correcta" y el galán cachas del bigote "volvería a actuar del mismo modo". Vamos, que ni un paseo por el Día de la Marmota junto a Bill Murray repetido 700 veces le haría cambiar la cara de gilipollas de la foto de las Azores.

Una reunión de las Azores que, por cierto, el Capitán América Aznar recuerda "con especial intensidad porque fue un momento de gran trascendencia para el mundo y para nosotros". Qué bonita y qué entrañable debió ser esa cena. ¿Cantarían el a por ellos, ooooeee? ¿Compartirían puro?, ¿Se la medirían mientras hacían un concurso de escupitinajos para ver quien llegaba más lejos? Un "momento de especial intensidad", lleno de la misma emoción con la que los diputados del PP rompierona a apludir y a dar vítores cuando ganaron sin ninguna deserción en su grupo la votación a favor de la guerra en el Congreso. Jamás una guerra atroz e ilegal que pisoteó a la ONU, al derecho internacional y mandó la Convención de Ginebra a la mierda, fue tan aplaudida. Y jamás unos políticos en España se restregaron tanto en la indecencia, una bajeza con el nombre de las atrocidades en la prisión de Abu Ghraib o la vergüenza internacional de Guantánamo.

George, Dick y José han atronado en armonía la 9 de Beethoven, pero su himno de la alegría del pueblo iraquí tiene un enemigo: la realidad, esa diabólica invención a la que recurren con asiduidad los ateos, pacifistas, amigos de los terroristas, maricones y, como no, Zapatero, y que se empeña en lllevar la contraria al criminal trío de las Azores. Aparte de los 4.000 soldados estadounidenses muertos en combate (ya muy por encima de las víctimas del 11-S), desde la invasión de Irak, fuentes como Irak Body Count, que se basa sólo en pruebas físicas de cuerpos, hablan de una cifra de civiles muertos de 90.000. Por su parte, la prestigiosa revista médica británica The Lancet, que mandó un equipo de médicos ingleses e iraquíes para realizar un estudio fundado, elevaba la cifra en 2006 a 655.000 víctimas. Otras publicaciones independientes situán los muertos más cerca del millón. Por tanto, parece claro que el "sacrificio" que alababa Vargas Llosa y los "ha merecido la pena" de Bush y Cía son frases de una mezquindad moral increíble, a no ser que todos estos próceres del conservadurismo del sigo XXI abracen las ideas del mayor genocida de la historia, el carnicero Yosif Stalin, que acuñó la macabra: "La muerte de unos pocos es una tragedia; la de unos millones, pura estadística".

Junto a la tozuda realidad de las muertes, aunque sean por daño colateral, fuego amigo o simplemente por tener cara de insurgente, estalla el drama humano de la población iraquí. En la actualidad hay un 60% de paro, más del 40% de los iraquíes se sitúa por debajo del umbral de la pobreza y seis millones de personas sobreviven gracias a la ayuda humanitaria, el triple que en los tiempos de Sadam Husein y el doble que en 2004. Además, los cortes de electricidad son continuos durante más de la mitad del día -otro dato peor en comparación a 2004-, se ha sido incapaz de volver a poner en marcha el sistema escolar y, lo más tenebroso, 4,5 millones de iraquíes con nombre, familia, hijos, ilusiones, derechos y memoria se han exiliado a los países del entorno, donde viven en condiciones paupérrimas y azuzados por el racismo contra el pobre, que de algo nos suena en España.

La realidad, qué mala es, vuelve a contradecir al triunvirato de comandantes del Occidente sacrosanto y puro. Sí, es cierto que los asesinatos sectarios, los secuestros y, en general, la violencia entre las facciones chiís y sunís ha disminuido casi en un 50% desde el aumento de tropas estadonidense, el llamado The surge (de 160.000 a a 185.000 tropas en enero de 2007). Pero ¿a qué ha sido debido? A estas alturas las razones son más que evidentes. Estados Unidos ha armado a los sunís y sus líderes tribales se han vuelto contra los terroristas de Al Qaeda por intereses políticos. A l mismo tiempo, las sangrientas milicias chiís de Muqtada Al Sader y la Brigada Bader, del dominante Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak, han guardado los Kalashnikov.... de momento. Todo apunta a que la situación de tensa calma volverá a explotar cualquier día, y a que los soldados estadounidenses serán, como se desmotró en los cuatro años de guerra civil larvada, incapaces de frenal la espiral de violencia.

Este relativo aumento de la seguridad no puede justificar el patético triunfalismo de Los Hombres de Harrelson Bush, porque Irak sigue hundiéndose sin remedio en un peligroso agujero negro al que a las cifras a sangre fría de muerte, pobreza y violencia, se suma la degradación ética del país. Como relataba con brilantez la periodista Mónica G. Prieto en El Mundo, las esfigies y los murales de Sadam Husein y el terror de la dictadura han dejado paso a los socavones de las bombas, las barricadas, los alambres de espino y el deprimente abandono de todas las guerras.

Pero, quizá aún más triste y doloroso, sea que la riqueza cultural y la tolerancia del pueblo iraquí se ha destruído con la invasión. Donde había hospitalidad, ahora hay desconfianza. Donde había valentía, ahora hay miedo compulsivo al futuro. Donde había la generosidad tribal, ahora pisotea la ley de la jungla. Donde existía el respeto a la libertad religiosa, ahora se mata en el nombre del iman Hussein o la dinastía de los Omeya. Y donde la mujer gozaba de una independencia inédita en todo el mundo árabe, ahora es una cárcel vitual donde ellas son recluídas con grilletes en sus casas, obligadas a no trabajar, a no pintarse, a cubrirse la cara, a no rechistar, a convertirse en el medio ser humano aplastado que los fundamentalistas buscan con saña. Ése quizá sea el mayor drama: la podredumbre y culto al odio que se ha instalado en el país, y que miradas emocionantes y valientes han descubierto. Miradas como la de Riverbend, la bloguera (tb en español) ahora callada en su exilio en Jordania, que me pintó con su hermoso corazón y rabia enfurecida ante el invasor la verdadera realidad de Irak en su libro recopilación de entradas Bagdad en llamas. O los ojos de la periodista holandesa Minka Nijhuis en La casa de Khala, impotente testigo de la degradación de una familia culta, tolerante y diversa, borrada de la esperanza por el monstruo de siete cabezas de la intolerancia que salió de las mierdas de tanques de Bush.

Dos pequeños y modestos ejemplos, pero más poderosos que las 3.000 bombas que agrietaron Irak en las primeras 48 horas de la guerra. Que se vayan a la mierda los estadistas dictadores de cátedra y arrogantes corifeos de la invasión. Tomando prestadas las palabras del ex lider de Izquierda Unida Julio Anguita tras el asesinato de su hijo periodista en Irak, Os bobolongos vuelve a gritar más fuerte que nunca esta noche: "Malditas sean las guerras y malditos los canallas que las apoyan".

sábado, 15 de marzo de 2008

'Spitzergate', sexo, traición y cintas de audio

Dime de qué presumes y te diré de lo que careces. Aunque suene a refrán de la abuela y tópico pasado por la sartén 17 veces, la frase se acopla a Elliot Spitzer como un guante de seda italiano a la mano de Monica Bellucci. Spitzer es el protagonista de la última bomba de sexo, traición, puritanismo y esperanzas rotas que nos ha regalado la mejor cantera de historias cinematográficas del mundo: los Estados Unidos de América. Nadie como los gringos para fabricar héroes, demoler ídolos caídos y sacar brillo a las rendenciones de pecadores que han vuelto a ver la luz. Esta vez la estrella apagada es Elliot Spitzer, genuino representante de la doble moral que atraviesa gran parte de la clase política del país, y que tipos sagaces como Michael Moore o Larry Flint han destapado más de una vez.

Vamos por partes, que decía el carnicero de Rostov. El Spitzergate ha explotado en La Gran Manzana, la ciudad que nunca duerme -que eternizó La Voz Sinatra- y la República Independiente de Nueva York -que acuñó mi brillante hermano Julián Santana-. Desde que los Neanderthal fueron arrinconados por los Cromagnon, la ciudad que los colonos holandeses compraron por una caja de baratelas a la tribu Lenape ha sido feudo inexpugnable del Partido Demócrata en cada elección presidencial. En ningún otro asfalto de EEUU la palabra Bush suena a akelarre sacrílego como en un mercadillo del Soho, un club de jazz de Harlem, una cervecería de Brooklyn o una pastelería judía de Staten Island.

Sin embargo, para sus asuntos internos, los neoryorkinos han venido eligiendo alcaldes y gobernadores republicanos en los últimos lustros. Orden y un poquito de mano dura policial es el estribillo que quieren oir. Eso sí, cantado por republicanos de tercera vía, políticos que en Alabama serían tomados como miembros del Partido Comunista. Rudy Giuliani, gran héroe mayor del 11-S, divorciado conspicuo y defensor público del aborto, George Pataki, ahora Michael Bloomberg, el hombre que quiere fundar un tercer partido para ser el presidente del centro (¿no iba a ser eso Rajoy?)... Para competir de igual a igual en el mercado interno, los demócratas, tras una larga travesía, encontraron al púgil perfecto: Elliot Spitzer, "cruzado del año" para la revista Time por su labor intachable contra el crimen en la fiscalía de Nueva York.

Elliot, cuyas orejas guardan un asombroso parecido con otro Elliot, ese imborrable niño de E.T, era un político en imparable ascensión. Con la inteligencia y la ética de trabajo judía, duro, insobornable, hecho a sí mismo... Un abogado que ganó fama enfrentándose a los corruptos en la fiscalía general del estado, el mismo sendero que llevó a Giuliani al corazón de los neoyorkinos. Así que, con la buena prensa, el dinero de los lobbies y la reputación de un Elliot Ness revivido, Spitzer ganó con holgura el puesto de Gobernador del Estado. Desde ese plaza, fue sumando apoyos y elogios, mientras coqueteaba con la idea de, en el futuro, lanzarse a la carrera presidencial. En el partido Demócrata estaban encantados.

Pero he aquí que el apóstol de la moral pública, perseguidor (no Cortaziano) de la prostitución y dedicado hombre de familia, en sus horas libres se ponía el antifaz y se convertía en el superhéroe Client number 9, que suena a canción del genio de Minneapolis antes conocido como Prince. San Spitzer el justo se gastaba más de 50.000 euros en putas de lujo, a unos 3.000-4.00 dólares el polvo (bueno, la tarde, imagino que se podría repetir...), y habitualmente invertía la plata (¿del erario público?, ¿dietas?) en una: Kristen. El FBI le tiene grabado y regrabado en conversaciones telefónicas en las que no habla precisamente de obras públicas... Aparte de traicionar a su mujer y alimentar la sed de morbo en vivo de la aldea global (está pasando, lo estás viendo, que diría la CNN), Spitzer ha convertido en estrellas al Emperor's Club VIP y, aún más, a su compañera de habitación del hotel Mayflower de Washington. Que hermosa ironía, el hotel que comparte nombre con el Mayflower Compact, el acta fundacional de la colonia protestante y puritana en Estados Unidos en 1620.

El hombre que glosaba los valores matrimoniales, abobinaba de las mujeres que vendían su cuerpo y blandía la ley como una tabla sagrada de Moisés, se zambullía metódicamente en el oficio más antiguo del mundo. Según la fantástica Heidi Fleiss, gran Madame de Hollywood y ama de llaves de los secretos oscuros de actores, políticos y sacerdotes de la tierra prometida, el cliente número 9, a saber, el buenazo de Elliot, era "un gilipollas arrogante". Buuf, demasiado para el buen samaritano. ¿Habrá grabaciones con las lengua sucia de San Spitzer? Seguro que sí, y seguro que las conoceremos en próximas entregas....

Como Larry Craig, -senador por Idaho, conservador homófobo por fuera, tocador de genitales masculinos en servicios públicos por dentro-, como Ed J. Hoover -deportador de Charles Chaplin y encarcelador de homosexuales de día, gay y trasvestido de noche-, como Newt Gingrich -Mr. 'valores familiares' y martillo de Bill Clinton en la época Lewinsky, mientras le era infiel a su segunda mujer después de abandonar a la primera cuando tenía cáncer-, como Joseph McCarthy -el inquisidor cazador de comunistas y padre de la lista negra, que era un alcohólico compulsivo entre comité y comité del Senado-, como Javier Rodrigo, teniente de alcalde ultracatólico del PP en Palma, autor de la Guía Campsa de prostíbulos cuando cerraba los plenos. Grandísimos hijos de... la moral, políticos que levantaron la antorcha de la pureza, representantes del puritanismo protestante, de la quema de brujas, del proselitismo de un mundo blanco y negro, de buenos y malos...


La historia tiene aún más alicientes. La puta de lujo, de nombre Ashley Youmans, aunque se hacía llamar Ashley Alexandra Dupré (nada como un apellido francés para autosofisticarse en el mercado), ya ha sido entrevistada por The New York Times (¡a eso se llama periodismo exprés!). Resulta que tiene página en Myspace.com (¡las visitas se acercan a los 4 millones, es la era del vouyerismo global!) y que "la música lo es todo“ para ella. De hecho, su canción ya es una de las más descargadas en iTunes, y la chica va camino de convertirse en la nueva Paris Hilton.

La muchacha enseguida ha recitado los 7 pasos que marca el Manual de la pecador/a arrepentida. Viene de un "hogar roto donde sufría abusos", ha estado al borde del colapso existencial por meterse más que Pete Doherty (ahora ya no prueba ni un Marlboro light), llegó a ser indigente y, en realidad, su corazón es puro y sincero: lleva una cantautora en el alma y compone canciones como Podemos cambiar (muy apropiada...). De hecho, se fue a Nueva York hace dos años convencida por un malicioso productor de que su talento musical era tan grande como su dinamismo en la cama. A sus 22 años, asegura que ha aprendido "lo que es tenerlo todo y perderlo una y otra vez". No quiere que la vean como un mosntruo... Ni un telefilm de Antena 3 de los sábados podría tener un guión tan perfecto.

Sus padres se han quedado de piedra al conocer la noticia, aunque a su madre se le ha escapado que su hija sería capaz de engañar a cualquier hombre. Joder, eso se llama amor filial. Mientras, recién dimitido como gobernador, Spitzer quiere "recuperar la confianza de la gente". Por ahora, sólo con observar los ojos acuchillados con los que le miraba su mujer cuando presentaba solennemente la renuncia, lo tiene jodido. Pero por qué no suponer que en un par de años pueda volver incluso a la arena polítca. Las noticias de hoy envuelven el pescado de mañana, y, si algo ama Estados Unidos, como decíamos al principio, es a los pecadores arrepentidos.